El Bolero, un testigo de nuestra historia
Por Marcelo Ernesto Tovar Zanella
Cuando escuchamos la palabra bolero no podemos evitar recordar aquella película tan famosa del mimo de México Mario Moreno “Cantinflas” donde con su peculiar estilo rindió una especie de homenaje al trabajo mas emblemático de nuestra cultura.
El bolero, ese noble trabajador que desde su silla se transforma además en un testigo de nuestra historia hoy tiene nombre y rostro. Se trata de Tomas Nava Borjas un hombre con mas de 35 años lustrando y dando brillo a la vida de quien se detiene unos minutos a bolear sus zapatos.
Conversar con el, es adentrase en un mundo de anécdotas he historias de vida que remueven muchos sentimientos. Testigo de la historia ha visto la transformación de Ciudad Valles, cuenta con mucho agrado que: “No había pavimento, la calle era de chapopote con grava, no había tiendas ni locales en su lugar había casas de lodo y otate con techos de lamina, era todo bien diferente”
Se acuerda de aquellas fechas feriales cuando todas las familias antes de irse de fiesta acudían a la plaza a lustrar sus zapados, pasaban entre 6 y 7 de la tarde, en ese tiempo todo sus compañeros tenían mucho trabajo, pero cuenta que estos tiempo han quedado atrás.
Don Tomas, recuerda muy bien la llegada de Antonio Esper a la presidencia municipal y toda la transformación que le dio al centro de la ciudad, aun esta fresca en su memoria aquellos árboles de Framboyán, Orejones y Manzanos que se asomaban en los alrededores de la plaza, cuenta que fue testigo cuando Antonio Espero ordeno plantar los Laureles de la India que hoy se erigen como los gigantes del Jardín Hidalgo.
De pronto tu mirada se dirige al Kiosco, lo señala, nuevamente esboza una sonrisa y cuenta que. “allá por los 70´s los domingos en el kiosco había música y las familias de Valles se reunían ahí, yo viví un tiempo cerca del Rastro viejo y en la tarde me venia en la bicicleta le daba la vuelta y me detenía en el Kiosco” casi saboreando Don Tomas dice “me tomaba una coca con hielo en un vaso y con un popote, que sabroso estaba”.
Definitivamente extrañaba el Valles del ayer, cuando no había tanto coche y la calle 5 de Mayo lucia completamente sola los domingo, cuando el bulevar que era carretera y no tenia el camellos estaba vacía y silenciosa. La añoranza se refleja en su mirada, el recuerdo en su memoria y en su corazón aun palpitan las emociones de un Valles ya perdido.
Recuerda muy bien los días de quincena, pues la gente acudía con el y sus compañeros a bolear sus zapatos, dice de manera cómica “antes hasta para las cantinas, las quincenas eran buenas”. En es entonces trabajaba de 8 de la mañana a 2 de la tarde, iba au casa, comía tomaba u baño y regresaba por la tarde, hoy esta casi doce horas en la plaza y solo consigue4 o 5 boleadas.
Cada lunes de todos los años en los homenajes a la bandera, ha visto desfilar presidentes municipales de todos los partidos. Cuando han intentado acercarse la respuesta siempre ha sido que no hay tiempo, que tiene agenda llena; se refleja la desilusión en su rostro cuando lo comenta pues dice: “estamos desocupados, mis compañeros apenas y tiene algo de trabajo, no somos tomados en cuenta”.
Por eso tiene la consigna de fortalecer el sindicato, pues antes controlaban a los boleros. En las afueras del desaparecido Cine Osuna ponían de 15 a 20 cajones y cada sábado les cobraban un peso a manera de cuota, hoy en día los ambulantes les quitan el trabajo. Su área corresponde a la plaza y a la zona de mercados, pero como no hay control llegan ambulantes y les quitan los pocos clientes que tienen.
Extraña mucho el Valles de antes y a su gente, pues las personas ya no salen en la noche pues vienen a las tiendas y luego se van a la Ecocentral a tomar su autobús o se van en su coche. La plaza esta vacía por la noche. Comenta muy intrigado: “la gente ya no sale, ¿será por el calor? Por que hasta eso ha cambiando ahora pica, quema y antes hasta lo disfrutaba”. También piensa en la temporada de agua, le preocupa pues si llueve las personas tampoco salen a la plaza.
Comenta en un tono gracioso que sus vecinas las aves aveces no lo dejan trabajar, pues aunque el barrendero limpia y el también, es inevitable que sus compañeras de toda una vida hagan de sus gracias delante de sus clientes. Las personas no se acercan por que evitan los árboles, le sacan vuelta a las aves como escapando de que les caiga algo encima. Como se refleja en su anécdota. “una vez tenia un cliente, un taxista. Cuando llego venia evitando las aves, se sentó en la silla y aquí se sintió seguro de que no le caería nada, pero de pronto escuchamos un sonido, como que algo había caído”… sin preverlo suelta una gran carcajada y continua “cual fue mi sorpresa, le había manchado toda la camisa. Y yo le dije de seguro fue un pájaro albañil por que se me hace que se lo aventó como queriendo pegarle”.
Historias así son las que cuenta un bolero, el mismo dice: “tengo periódicos, revistas, el alarma. Yo les platico de muchas cosas le hago entretenido el rato al cliente”. Pero siempre al final de cada historia termina diciendo “todo era muy bonito antes, extraño el Valles del ayer”.
El bolero es un icono, algo emblemático pero sobre todo es un testigo de nuestra historia. No dejemos que se pierda este trabajo, por que a veces más que darnos un servicio, es una lección de vida. Y como en las grandes películas que tienen secuela, Don Tomas Nava Borjas dijo: “regrese pronto, aunque no se venga a bolear. A veces uno solo quiere platicar, por que aun tengo mucho que contar”



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